jueves, 5 de mayo de 2011

El vagón del fondo..

Mientras escribía me he dado cuenta, me he enganchado a esa imagen, en el vagón del fondo, a lo que en un principio es sólo una mancha blanquecina y que después, a fuerza de escrutar va cobrando una forma más y más definida. Extendido, interminable ese pañuelo de un blanco inmaculado que agita con su mano izquierda y que me embauca y me seduce y me doblega. Es él. Son sus ojos de ese inconfundible verde cristalino y es su risa entre blasfema e infantil y es su olor, tan penetrante y oscuro, su boca la caverna donde habita el olvido más dulce y más azul y más vehementemente apasionado. Es él, es Manuel quien clava en mis pupilas inquietas las suyas hasta hacerme daño, en un empeño porque le escuche, porque le recuerde.

Se lo cuento, lo de anoche, que me dejé abatir viendo “Las Horas” hasta acabar llorando arrastrada por la identificación con las tres protagonistas y que debido a ello, dormí mal y desperté consumida por estas ganas de vaciarme en el papel. No sé si voy a lograrlo. Anoche mismo lo pensaba, que elegí este tipo de vida que me ha mantenido cautelosamente alejada de mi yo más pernicioso. Intentaba escribirlo en mi diario, cómo huyendo de mí misma pude encontrar una puerta a la felicidad, teniendo una vida normal, siendo una persona normal. Lo he sido, me dejé transportar y me olvidé de esos trenes eslabonados a ensordecedores vagones sinuosos. Al menos, ahora sé que se puede vivir al margen de quien soy en realidad y escapar por ese agujero estrecho y denso de lo convencional  para perderme para siempre.
                                                                                                                     



El tren de Martina..



Se ha despertado de nuevo con ese peso oscuro en los ojos y con el estómago vuelto. Aún se acuerda del sueño, algunas personas la acompañaban hacia una playa, a los márgenes del camino cuerpos de mujer se mostraban obscenos. Se acuerda de otro sueño, unos meses atrás, en el que desde un autobús contemplaba también, como a los lados del camino, varias parejas se mostraban como en escorzos estridentes y forzados.

Intenta desplegar los párpados, separarse de la viscosidad que la une al inconsciente y que no la deja marchar. Siempre le cuesta tanto regresar de esa otra que habita en lo más profundo, es por eso que dedica tanto esfuerzo y tiempo en analizar lo que unas veces son sólo ligeros ecos y otras largas ensoñaciones pobladas de seres, de mundos.
Desde niña se ha sentido atacada, engullida por la textura y color de sus sueños, por la martilleante resaca que se instala en el paladar después de haber sido, haber estado sin ti en otro espacio.

Acaba por tirar del edredón y arrastrarse hasta el fondo de la cama. Abajo suenan las voces de su hijo y de Andrés, el padre del mismo, con quien Martina hace ya 11 años que convive. Ellos son, constituyen  una marcada y lenta frontera entre la espesura de la que ella acaba de ser devuelta y la realidad, esa neutra, irrevocable, pastosa realidad a la que tiene que subirse en cada despertar.


“Se acerca despacio, con un lento soniquete de colores y risas… se
atisban los vagones aciagos, al fondo, como infinitos cubiletes de lluvia
espesa, como ríos de espera, como interminables pasajes de vida ya escrita
desde mucho tiempo atrás.
Se arrastra hasta la primera vez, en una casa de piedra, en un pueblo lejano, en una cama fría donde se encuentra y se pierde una y otra vez cada noche de  esa triste Semana Santa, sumida en ese atormentado haz de sueños partidos. Así, en uno de los tránsitos en esa frontera negra interior, con ese miedo aterrador a las tinieblas que la llevan a apretar hasta el dolor ese interruptor que le devuelve  la luz de la vigilia fiel, de la realidad tenaz.

Agazapada entre las sábanas, silenciosa, pausada, lo escucha venir, lejanísimo en el
origen, más y más próximo después. Las risas, los ecos, los que desde la
neblina la saludan agitando blancos pañuelos de adioses lentos. Escudriña para
descifrar, a partir de esa silueta que cree conocer, que la devuelve a aquellos
días que serán, con esa intuición doliente de no saber. Quiénes son? Por qué la
miran petrificados como muñecos, con esa sonrisa inquieta? A la una, a las dos,
a las tres y todos que al unísono extraen de un  blanquísimo baúl miles de globos de colores, que lanzan mientras vitorean gritando su nombre: Martina, Martinaaa,
Martinaaaa…


Ahora es cuando se da cuenta de que no es la primera vez, esto mismo ha sucedido decenas de veces, desde el principio de los tiempos. Es el traqueteo del tren, que
viene por las noches para sacarla del sueño, con esa pantomima de actores
transformistas que la llaman a gritos desde los vagones humeantes. El ruidito
divertido, inocente, que va ascendiendo hasta instalarse como un enloquecedor
golpe en las sienes, que la lleva temerosa, que la obliga a taparse con las dos
manos la cara, los oídos, y que termina apagándose al alcanzar la máxima intensidad,
a punto de estallarle en mil pedazos la conciencia.


Después la resaca voraz, el estómago aterido por esa nausea incipiente, las manos gélidas que se despegan de las sienes, que emergen del dolor y que se funden en el
regazo donde Martina vuelve a fundirse rescatada por el sueño”~



Tiene que contárselo, se ha levantado a lomos de esa antigua cabalgadura, con ese subidón frenético propios del deseo por descargar todo esa inmensa pesadumbre, con ese regusto en el paladar que le da la certeza de que volverá a escribir y tiene que decírselo, para que él lo sepa, para que él también la conozca y la ame en esa otra envoltura.
Lo llama y las palabras le salen a borbotones por la boca, provenientes del fondo del inconsciente, del alma y le explica que aquello que le provoca tal agitación no es más que el retorno de la necesidad de escribir y de plasmar así todo ese mundo abstracto, lleno de imágenes sin nombre.

domingo, 1 de mayo de 2011

Regalo de primavera

Inclinó aquel cubo rojo muy despacio y el agua se dejó desparramar por el suelo de la terraza. Lento pero inequívoco fue arrastrando a su paso, limpiando.
Para aquella ocasión yo me había convertido en desagüe así que pude sentirla deslizarse a través de mi.

El segundo impacto sonó atronadoramente. Violento, abrasivo.
Me subí a una altillo para otear y el agua me golpeó, salpicándome en los ojos, golpeando, golpeando...

Hubo una pausa antes de la tercera batida.
Yo aún no había conseguido recuperarme del todo. Se me habían encharcado las orejas y tenía el cabello cubierto de hojarasca.
No confiaba en poder hacerlo bien, temía atascarme irremediable, torpemente y no ser capaz de digerir el agua de un tercer lanzamiento.
Pero lo hice; esta vez fue poca cantidad y se deslizó muy despacio...

El suelo quedó limpio completamente, sin rastro.
Salió un sol gigante que se ocupó de secarlo.

Me duché una y mil veces
y el tiempo, que todo lo cura,
se encargó de hacerme olvidar
y de limpiarme a mí también..

lunes, 7 de marzo de 2011

Bosque blue.



Y me pregunto si será esa la causa por la que siempre me canso de todo. Qué más da. No importa, no es nada malo. Belén Ávalos dice que sí, que no diga eso, que suena muy mal. No sé porqué si es la verdad. Yo me canso de todo y no sé amar ni dejar que lo hagan.

Quiero estar sola, para dar una y mil vueltas sobre este jardín laberíntico y oscuro. Este de Portugal, por ejemplo, salvaje, desbocado y espeso. Ni siquiera yo puedo controlarlo, ya lo aprendí. Tan solo recorrerlo, una y mil veces, idénticas pisadas sobre la hojarasca. Y ese mar, alguien lo trajo hasta aquí, con el oleaje de ayer, ( el agua gris, hiriente, como esa naúsea en el estómago, las olas rotas, rotas, rotas y la bilis) simplemente lo cortó y lo soltó aquí, en este bosque ( por si acaso no fuera ya suficiente con todo lo demás...). Me encuentro con él, durante el paseo y me sitúo de frente. Es lo único que puedo hacer. Está anocheciendo ( siempre es la misma hora en este bosque) y hace frio. El mar es una bestia gigante, que me amenaza y yo me dejo caer sobre ese pétreo manto de hojas. Hay humedad pero no importa. Es que no hay alternativas. No las hay..

Me quedo postrada, tumbada sobre el costado derecho. La mirada fija en esas olas frias.
Estoy llorando pero no duele nada, tampoco hace ruido. Al final, mucho después cierro los ojos y me dejo ir, despacio, hacia el fondo del pozo..

sábado, 5 de marzo de 2011

Vaya...

No hizo falta que me lo dijese nadie
porque yo lo vi
tendido sobre la hierba,
inerte,
con mi nombre prendido en los labios,
balbuciente.

Es el momento
y estalla sobre tu cara.
Se han terminado las dudas,
vuelve a no ser,
vaya...

martes, 22 de febrero de 2011

Y al despertar..

Hizo falta que me lo dijeran muchas, muchas veces, porque yo no lo entendía.
Llegué a tiempo de verlo una vez, la primera y de frente. Aún tengo clavado el olor y todas las secuencias de una noche lenta. La más triste.
El frio, en la nuca, instalado como una herida abierta.

Vinieron a decírmelo, unos hombres vestidos de amarillo: Rakel, ha muerto, despierta!!!!
-Ha muerto- me dicen.
-Ha muerto-
Y ese volver a caer desde lo más alto hacia el vacio. Con su nombre sellado en el fondo del recuerdo, que me llama y me golpea de nuevo, como la vez primera.

Se repetía, los jinetes llegaban cabalgando desde muy lejos por los túneles inhóspitos y oscuros del espanto. Vestidos de amarillo.
No faltó ninguno, habrían de gritármelo muy fuerte y claro:
- Rakel, ha muerto, despierta, despierta ya!

Está oscuro, ellos me lo dicen una y otra vez y yo me pregunto cuándo dejará de hacerlo, de morir, de doler tanto..
Y si no fuese él quien murió hoy?

Todos, vinieron todos,
sobre aquellos caballos blancos, tragando el polvo, vestidos de amarillo.
No faltó ninguno, todos,
a recordarme tu muerte
una sola repetida, interminable,
en todas las demás.
Lo que no querías que ocurriera ya ocurrió, hace mucho, mucho tiempo, -despierta!.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Feliz cumpleaños..

Estabas allá arriba,
apoyado, con tus ocho sonrisas
y tus ocho tambores ,buscabas un perfume
una forma exacta,
un color azul,
indefinido pero inequívoco.

Y allí estaba él,
con su cansancio tendido
sobre una ola inmensa
bajo un reloj gigante..

Os encontrásteis la mirada
y os invadió el recuerdo.
Tú bajaste o él subió,
ya me perdí
y os dejé solos...