Hizo falta que me lo dijeran muchas, muchas veces, porque yo no lo entendía.
Llegué a tiempo de verlo una vez, la primera y de frente. Aún tengo clavado el olor y todas las secuencias de una noche lenta. La más triste.
El frio, en la nuca, instalado como una herida abierta.
Vinieron a decírmelo, unos hombres vestidos de amarillo: Rakel, ha muerto, despierta!!!!
-Ha muerto- me dicen.
-Ha muerto-
Y ese volver a caer desde lo más alto hacia el vacio. Con su nombre sellado en el fondo del recuerdo, que me llama y me golpea de nuevo, como la vez primera.
Se repetía, los jinetes llegaban cabalgando desde muy lejos por los túneles inhóspitos y oscuros del espanto. Vestidos de amarillo.
No faltó ninguno, habrían de gritármelo muy fuerte y claro:
- Rakel, ha muerto, despierta, despierta ya!
Está oscuro, ellos me lo dicen una y otra vez y yo me pregunto cuándo dejará de hacerlo, de morir, de doler tanto..
Y si no fuese él quien murió hoy?
Todos, vinieron todos,
sobre aquellos caballos blancos, tragando el polvo, vestidos de amarillo.
No faltó ninguno, todos,
a recordarme tu muerte
una sola repetida, interminable,
en todas las demás.
Lo que no querías que ocurriera ya ocurrió, hace mucho, mucho tiempo, -despierta!.
